| Lugares
privilegiados por el turismo resultan ser los islotes que enfrentan el
rincón sudeste de Sicilia, por la interesante revista de eco-sistemas
terrestre: pantanos, charcos, grutas, duneti y altas costas calcáreas.
La isla de Capo Passero y la isla de las Corrientes
presentan la común característica de los fondos algo profundos
que las separan de la costa portopalese. A diferencia de otras zonas costeras
sicilianas, estas dos islas son menos sometidas a las agresiones causadas
por su condición de insularidad; por tal motivo el entorno natural
resulta favorable a los estudios arqueológicos, ecológicos,
genéticos de la población y de la evolución.
A
"Scalo Mandrie", son todavía visibles los restos de una
necrópolis paleocristiana de los V - IV sec.; un tiempo os fueron
incluso dos hornos romanos, destruídos durante la construcción
de la carretera costero por Marzamemi. A poca distancia es el cadente
establecimiento de la Almadraba grande o Capo Passero, risalente al alto
Edad Media y carácter continuación de la antigua almadraba
pre-cenefa del "Collo." Muchos habitantes del lugar fueron empleado
a la elaboración del atún, pero de los años cincuenta
en luego el interés comercial por la actividad de la almadraba
menguó por los motivos más varios, además aquel de
las cambiáis condiciones económicas de los habitantes.
Otro
lugar que merece mención es la isla de Capo Passero con la poderosa
mole de la fortaleza suevo-aragonesa del sec. XIV. La isla hasta mitad
del '700 fue penisoletta pegado a la costa de un sutil y débil
brazo arenoso, desmoronado él bajo la acción incesante del
mar impetuoso del lugar. La presencia de tal brazo permitió el
formarse de una rada, puerto seguro y reparado por embarcaciones seguido
por el mal tiempo no infrecuente. En los siglos oscuros en cuyo Portopalo
no hubo todavía, la isla de Capo Passero y la Almadraba fueron
los solos lugares habitados. La primera de militar españoles, Sicilia,
recuerda, fue un vice reino español, la segunda de marineros y
jornaleros de los países cercanos.
En
la isla hubo el iglesia-capilla dell' Anunciado, dentro de las paredes
del fuerte, el cementerio en el chiesetta diruta del Monte Carmelo y una
pequeña corte de gente local, destinadas a los trabajos más
varios y siempre en ansiedad y miedo por posibles asaltos piráticos.
Durante uno de los más cruentos de este, en el 1526, el fuerte
fue casi demolido por el pirata Dragut, Norte-africano, luego reconstruido
de campana, más seguro e inasible. Pero no sólo la isla
es interesante para la historia y el fuerte, pero incluso por los característicos
geologiche y botánicos. De los años cincuenta por fin se
yergue majestuosa, justo delante del Castillo de Carlo V, la Virgen Guarda,
a protección de los marineros y el país.
También
merece mención la Gruta prehistórica de "Calafarina",
situado sobre la calle que conecta Portopalo a Marzamemi, nota a la arqueología
y a la literatura que desde siempre la han concernido, en el que numerosos
restos han sido hallados risalenti al Neolítico. Sobre la costa
costera que une Portopalo a Marzamemi han sido halladas de las canteras
de edad griega que proveyeron bloques de arenisca calcárea. La
gruta ha sido sede de interesantes exploraciones conducida como por ilustres
arqueólogos P. Osos y L. Bernabè Brea, en los primeros años
del '900. Los restos hallados testimonian que ella fue destinada a lugar
de vivienda, con un ala reservado al entierro de los difuntos.
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